Por Yohali Reséndiz
En el centro de Teherán, frente a la policía del Estado islámico, cientos de mujeres salieron a las calles y se quitaron el velo de su rostro para enviar un mensaje: desobediencia civil en su forma más pura.
El cuerpo es el mensaje. Su vida en riesgo para exponer una frase: mi cuerpo me pertenece.
En Irán, el velo ha sido una prenda religiosa e instrumento político. Desde 1979, el hiyab es frontera visible entre desobediencia y castigo. Cubrirse no ha sido una elección sino una orden del Estado. Quitárselo representa cárcel, tortura o muerte.
Así, las mujeres iraníes se han liberado al ondear su cabello en plena calle, al bailar, al subirse a un carro para que todas se unan en gritos y aplausos; hoy, estar sin hiyab, es exponerse sin ninguna red de protección y retar al Estado. Esa es su consigna poderosa.
El asesinato de Mahsa Amini ha marcado en Irán un punto de no retorno. Su nombre es la consigna que revela lo que el régimen intenta ocultar: el control sobre el cuerpo femenino, el cimiento de un sistema autoritario.
En septiembre de 2022 Mahsa Amini, de 22 años, fue detenida en Teherán por la policía de la moral por “llevar mal puesto el velo”. Familiares y testigos aseguran que durante su detención fue golpeada. Tres días después murió bajo custodia del Estado. Su muerte rompió algo profundo en Irán: reveló que el hiyab obligatorio no es una cuestión religiosa, sino un mecanismo de control político sobre el cuerpo de las mujeres. Ella se convirtió en símbolo porque fue castigada por desobedecer una norma cotidiana. Lo que le ocurrió a Mahsa empujó a miles de mujeres a quitarse el velo en público, aun sabiendo el costo. Ella se convirtió en emblema, el sistema la hizo espejo de una violencia estructural y las mujeres transformaron su muerte en un acto de resistencia.
El grito: “Mujer, vida, libertad” es una ecuación política. Sin mujeres libres, no hay vida digna. Sin vida digna, no hay libertad posible.
¿Qué están gritando esas mujeres al mundo al quitarse el velo?
Que el feminismo no debe ser cómodo. Que no es un hashtag ni un comunicado tibio. Que ya es tiempo de que las luchas se retomen y si hay que pagar el precio y el riesgo, se paguen.
Ellas -para Occidente- están enseñándonos cómo confrontar la verdad incómoda.
Hoy ellas saben que la religión, impuesta por el Estado, no es fe sino violencia. Y que la tradición, cuando se usa para disciplinar cuerpos, no es cultura: es control.
Y el velo en Irán no simboliza espiritualidad sino la apropiación del cuerpo femenino por el poder. Su mensaje al quitárselo es recuperar la soberanía mínima: la del propio cuerpo.
Señoras, señores: este es sin exagerar, el movimiento feminista más valiente de los últimos tiempos. Porque están retomando sus derechos básicos. Todas han salido a la calle con el pecho descubierto frente a fusiles, jueces y cárceles.
Para las mujeres del mundo el mensaje es exigente: el cuerpo de una mujer no puede ser territorio del Estado.
Quitarse el velo es libertad pura. La dignidad no es negociable ni el miedo es destino.
2026 comienza enseñándonos que el feminismo se escribe con el cuerpo y no con palabras.
Desde el otro lado del mundo, desde México, las abrazo, las admiro y estoy con ustedes.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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