Por Yohali Reséndiz
Ahorré un año.
Un año completito.
Mes tras mes destinaba un recurso con la idea fija: esta vez sí, me lo merezco.
Y ahí estaba yo frente al aparador y ahí miré, el bolso perfecto, intocable, impecable.
Una bolso mirándome como si fuera una prueba de carácter, pero me dio pánico.
Literal me salí a respirar y busqué un café, como quien huye de una decisión que no quiere tomar en voz alta.
Con el café entre las manos pasó lo inevitable: pensé en frío. En serio, sin marketing, jajaja.
Claro que siempre he querido una bolsa de diseñador. Original. Jajaja.
De esas que no se explican, sino que reconocemos las mujeres a distancia (Jajaja).
Tampoco voy a fingir pureza espiritual: algunas bolsas están divinas, se convierten en objetos de deseo, son símbolo y promesa.
Mientras le daba sorbos al café, pensé: esa bolsa no me hará más inteligente, valiosa, interesante, libre, segura. La bolsa no me iba a resolver nada.
Ni me iba a convertir en nadie distinto.
Le di otro sorbo al café y luego pensé en algo todavía más incómodo, (jajaja) y concluí que:
todos los bolsos cargan lo mismo.
Todos.
El caro, el barato, el heredado (mis bolsos han sido heredados, muchos de ellos, de verdad, divinos), el comprado en rebaja, el que ya está medio roto.
Todos llevan llaves, celular, el cargador del celular, la pila recargable para el celular, recibos para pagar, tickets ya pagados, la cartera, crema para manos, ibuprofeno, lubricante (jajaja), la cartera, el lipstick, la cosmetiquera, la pluma.
Entonces, lo importante no es el bolso. Es decir,
Hablo de lo que cargamos emocionalmente.
Lo que sostenemos en el antebrazo.
De lo que decidimos no soltar y guardamos ahí, en ese bolso que nos acompaña a todas partes, aunque cambiemos de bolso.
Ese día entendí que gastar “X” cantidad en un bolso no me iba a dar nada diferente. Ni paz, identidad o plenitud, sí, alegría pero al final, podía vivir sin la bolsa y la solté.
Me dio risa darme cuenta de que pasé un año ahorrando para comprobar algo tan simple:
el valor no se cuelga en el hombro.
Y reitero, ¿es lindo traer bolso de diseñador?
Sí. Claro Muchísimo, yo he mirado los bolsos de mis amigas y están chulísimos.
No lo niego.
Tal vez algún día, me compre algún bolso, tal vez.
Pero ese día no lo compré. A veces, solo a veces, sentarte a tomar un café frente a un escaparate es la mejor compra que puedes hacer.
¿Qué hice con ese dinero del bolso que no compré? Ah pues lo destiné a algo que será bellísimo vivir y que también añoro… Aunque para ello deberé ahorrar otro año más. Jajaja.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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