Por Yohali Reséndiz
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La pregunta como respuesta que lanzó como defensa la senadora Juanita Guerra, del Partido Verde, fue poco astuta, más bien casi como burla:

“¿Y usted no se pinta el cabello?”

Como si ahí estuviera su argumento y la crítica fuera personal y no pública. Porque el problema no era ponerse tinte en el cabello, sino el uso de ese tiempo laboral, el lugar y su cargo.

El cuestionamiento no iba por la estética, sino por algo mucho más profundo. Así que analicemos, amable lector, lectora: ¿qué pasaría en un país donde quienes tienen responsabilidades públicas decidieran priorizar cualquier cosa menos su trabajo?

Imaginemos por un momento ese país.

Llegamos con una emergencia a un hospital donde los médicos deciden irse a comer, a cenar o a “ponerse un tinte” porque “también ellos tienen ese derecho”.

Su familiar fue programado para una cirugía de la que pende su vida, pero el quirófano está en pausa porque es hora de la siesta del anestesista.

O se requiere un traslado, pero la ambulancia está detenida porque el chofer está resolviendo sus asuntos personales.

¿Aceptaría esa explicación?

¿Qué les diría usted?

Ahora pensemos en una presidenta que, en medio de una crisis, decide irse de vacaciones.

O en el secretario de Seguridad que, tras un enfrentamiento en una plaza comercial entre grupos del crimen organizado, se toma el día libre para visitar a su mamá.

¿Y qué tal un juez que pospone audiencias porque tenía otros planes?

El argumento que utilizó la senadora Guerra sería el mismo que usan todos en los ejemplos anteriores: también son personas y tienen necesidades y cosas personales que hacer.

La realidad es que esas decisiones y esas ausencias se traducen en vidas, tiempo y futuro.

Eso es lo que hay que subrayar y no minimizar el episodio “estético” de Juanita Guerra Mena. Los reporteros no le cuestionaron por arreglarse el cabello, sino por hacerlo en horas y espacios destinados a legislar. Aunque, si partimos de que para ella el cargo ha sido solo un accesorio más, entonces la pregunta sí está fuera de contexto.

Y para quedar claros: el servicio puede existir, pagarse, incluso no ser exclusivo.

Pero nada de eso responde a la pregunta central: ¿para qué están ahí Juanita Guerra o los demás?

Cuando el poder confunde lo público con lo privado, empieza la pendiente peligrosa. Hoy es el tinte. Mañana una comida larga con tragos. Pasado mañana, curarse la cruda. Y así queda justificada la ausencia total: explicada, normalizada, defendida con cinismo. Las instituciones están vacías no de personas, sino de sentido común.

Cuántos harían mejor el papel de legislador o legisladora. Y quienes están ahí —que son varios—, para ellos y ellas, ese trabajo público es secundario.

Hasta febrero de 2026, en su labor dentro del Senado de la República (LXVI Legislatura, iniciada en septiembre de 2024), la cifra de iniciativas de autoría de la senadora Juanita Guerra, por el Partido Verde, que han sido aprobadas por el pleno es:

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Y sí, démosle gracias a Dios que no se hizo un cambio de color en el cabello… mechas, corte, manicura, pedicura…

Así que la pregunta final no es ligera:

¿Usted se pone tinte mientras trabaja… o entiende que hay responsabilidades que no admiten pausa?

✍🏻
@yohaliresendiz

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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