Por Yohali Reséndiz
El llamado del dun dun, sangban, kenkeny, djembé y shekeré fue para las mujeres. No importó la edad: niñas, bebés y mujeres en todas las etapas fuimos por aquellas que ya no están, por las que seguimos con vida y por las generaciones que tienen derecho a vivir libres de violencia.
El contingente de Opinión 51 salió puntual de la Torre Mayor. Entre abrazos y coincidencias, el equipo editorial compartió pensamientos, brincos, gritos, baile y corazón. Ahí todas fuimos, otro año más, un mismo grito. Luego, como altavoz para cimbrar conciencias, gritábamos juntas:
“No somos malas, podemos ser peores.”
“Señor, señora, no sea indiferente,
se mata a las mujeres en la cara de la gente.”
“¡Aleeerta!
¡Aleeerta!
Alerta, alerta al que camina:
la lucha feminista por América Latina.
Y tiemblen, y tiemblen, y tiemblen los machistas,
que América Latina será toda feminista.”
Las bengalas moradas al cielo recordándoles a ellas que marchamos y no las olvidamos, porque hacerlo sería perder la batalla cotidiana.
Pausa. Un baile. Un ritual. Los movimientos de manos y pies al ritmo del tambor: el llamado a la tribu.
Todas juntas, danzantes, con el ritual de ser una sola. Y que no se nos olvide: leyendo frases que son espejo de nuestra situación propia o de la de nuestra mejor amiga, hermana o vecina. Porque todas hemos experimentado alguna vez la violencia y, con dificultad, muchas hemos logrado salir de ella. Aunque también sabemos que a veces se regresa a ese círculo vicioso.
Nuestra bandera: Opinión 51, sin miedo a las palabras, ondeando con congruencia. Porque no somos partido político, sino un medio de comunicación en expansión y un ejemplo para las Morraz, para las generaciones futuras y para quienes nos han impulsado a no perder nuestros puntos de vista ni nuestra mirada crítica frente al poder.
Por eso salimos a marchar. Ahí estaban Sandra Romandía, Pamela Cerdeira, Soledad Durazo, Heidi Osuna, Rosa Covarrubias, Pamela Sandoval, Laisha Wilkins, Martha Ortiz, Lillian Briseño, Lourdes Contreras, Rosa Covarrubias y muchas más acompañadas de decenas de mujeres que creen en este espacio y en quienes somos desde la congruencia.
Por eso gritamos. Porque no tenemos miedo a las palabras, ni a la verdad, ni a ser mujer. A vivir. A ser demasiado. A ser juzgadas por nuestro cuerpo. A mostrarnos como somos. A marchar. A caminar solas por la calle. A encontrarnos a nosotras mismas. A poner límites. A expresar nuestra opinión. Incluso a reconocer nuestra propia vulnerabilidad.













Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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