Por Alejandra Ancheita*

Cada 8 de marzo, las calles se llenan de pañuelos morados y consignas impresas. Los aparadores cambian de tono y las marcas se apresuran a lanzar colecciones que prometen hacernos sentir empoderadas. La moda ha sido, sin duda, uno de los canales más poderosos de nuestra emancipación. No es solo lo que elegimos ponernos; durante siglos ha funcionado como un idioma silencioso de reivindicación.

Cuando dejamos atrás los corsés, adoptamos prendas prácticas o asumimos elecciones de estilo que desafiaban expectativas, estábamos diciendo, sin palabras, que queríamos respirar, movernos, trabajar y decidir sobre nuestro propio cuerpo.

SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.