Por Pamela Cerdeira
La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción. En el ring luchaban las cuatro rudas, ídolas de la afición. Ni el Santo ni el Cavernario eran:
Olimpia Coral, creadora de la Ley Olimpia, que hace un marco legal para que las mujeres puedan defenderse del material sexual difundido sin su consentimiento. Beatriz Pérez, mujer triqui que ha crecido en la defensa del territorio.Verónica Cruz, fundadora de Las Libres, quien saca de prisión a mujeres detenidas por abortar. Bárbara Arredondo, cofundadora de Decididas.
Ellas cuatro, arriba del ring en la Arena México, hablaban de sus propias luchas mientras la audiencia, formada en su mayoría por mujeres extranjeras de Estados Unidos y otras tantas de Latinoamérica —activistas, artistas y empresarias—, las escuchaba. Todo esto sucedió en el marco de Decididas, el foro de dos días que reunió principalmente a mujeres para hablar de posibilidades a partir de las industrias y economías creativas.
Mientras las escuchaba, me preguntaba qué significaba oír estas conversaciones, especialmente para las mujeres estadounidenses. La revocación de Roe vs. Wade en 2022 significó un duro golpe al derecho al aborto. La historia de Verónica no solo va de las mujeres encarceladas en México y su liberación, sino también de las mujeres del otro lado de la frontera que tienen que esconderse de su propio país para poder abortar. Son mexicanas las que se han convertido en expertas traficantes de misoprostol (la pastilla abortiva). Son mexicanas las que abren las puertas de sus hogares para acompañar a esas visitantes que no vienen de vacaciones, sino para esperar pacientemente a que el tratamiento haga su efecto, uno que en su país solo puede hacerse en la clandestinidad.
Mientras el mundo aplaudía porque Paris Hilton se convertía en vocera de una iniciativa que busca penalizar la violencia sexual digital, la Ley DEFIANCE (Disrupt Explicit Forged Images and Non-Consensual Edits Act), Olimpia y sus defensoras digitales ya estaban transformando lo que inició como una historia local (la suya) en una ley que ha sido aprobada en México, Argentina y Panamá, y está por aprobarse en otros países de Latinoamérica.
La historia de Beatriz y la lucha triqui por el territorio es la historia de la humanidad. Antes de que el derecho de piso o la extorsión tuvieran nombre o espacio en el Código Penal, su padre ya luchaba contra caciques que decidían a quién y a cuánto podía vendérsele la cosecha. Podríamos estar leyendo su historia familiar o un periódico del día, porque parece que todo nos sigue sucediendo.
Bárbara Arredondo moderó la conversación y alguna de ellas recordó: «Es que si volteamos el mapa, hoy podemos ver que somos las latinas quienes estamos dando la batalla, quienes estamos enseñando cómo se lucha». Nunca imaginamos que los enormes retrocesos en materia de derechos y democracia vendrían de Estados Unidos, y es esperanzador ver a todas esas mujeres brillantes que, desde sus distintos espacios, no van a dejar de dar la batalla, pero creo que ellas también pudieron verlo: América Latina se ha convertido en el Norte.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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