Por Amelia Alfaro*
Nunca pensé que después de trabajar durante décadas para la Comisión Federal de Electricidad tendría que volver a sentir miedo por mi futuro económico. Mucho menos a mi edad.
Durante años cumplí horarios extenuantes, guardias, responsabilidades técnicas, presión operativa y una enorme exigencia profesional en una empresa estratégica para México. Como miles de trabajadores de la CFE, construí mi proyecto de vida alrededor de reglas claras: trabajar, aportar, cumplir y, eventualmente, retirarme con una pensión establecida conforme a las condiciones laborales vigentes en ese momento. Eso no era un regalo. Era un derecho ganado.
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