Por Renata Roa
Recuerdo una reunión de consejo en la que estaba como observadora. Doce personas alrededor de la mesa, todas muy inteligentes, todas con algo importante que decir. Y durante noventa minutos vi exactamente lo mismo repetirse una y otra vez: alguien hablaba, los demás asentían con la cabeza y, en cuanto había una pausa de dos segundos, el siguiente tomaba la palabra con una idea que no tenía absolutamente nada que ver con lo que acababa de decirse. Nadie estaba escuchando. Todos estaban esperando.
Al terminar, el director general me preguntó cómo había visto la dinámica del equipo. Le dije, con total empatía y curiosidad, que había visto doce monólogos disfrazados de conversación. Escuchar es, probablemente, la habilidad de liderazgo más importante que casi nadie entrena en serio.
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