Por Arid Herrera*
La paradoja del éxito financiero fuera de la oficina
En los últimos años hemos visto y reconocido a mujeres con cargos ejecutivos llevando al éxito financiero a grandes empresas en diversos sectores, como el tecnológico, bancario e incluso deportivo. Estas mujeres, capaces de dirigir organizaciones y conducirlas a nuevos niveles, no siempre demuestran ese talento en sus propias finanzas.
Quizás, al enfocarnos en dar resultados para un tercero, dejamos de lado nuestro plan estratégico y proyecto patrimonial o, quizás, estamos postergando esta mirada al interior para preguntarnos: ¿qué tan bien me encuentro financieramente hablando?
No se trata necesariamente de acumular millones en el banco o en inversiones, sino de construir la independencia financiera que nos permita tomar decisiones con libertad, tener opciones y lograr que el dinero sea un factor para considerar, mas no una limitante que determine nuestro futuro.
Durante más de 20 años de trayectoria en Recursos Humanos, he experimentado en mi persona y a través de diferentes compañeros y colaboradores que un buen puesto, un ingreso atractivo, el compromiso o el talento no necesariamente aseguran la tranquilidad financiera. Podemos ganar mucho dinero y tener poco patrimonio. Podemos tener un puesto ejecutivo y tener una libertad financiera limitada.
Pero ¿qué es lo que falla en la ecuación?
Como líderes, difícilmente aprobaríamos un proyecto sin presupuesto, análisis de datos, proyección de escenarios, detección de riesgos, objetivos claros, indicadores y una visión a largo plazo. Entonces, ¿por qué con nuestras finanzas sí lo hacemos?
Esto requiere trasladar a nuestra vida personal las habilidades y talentos que nos definen como líderes y profesionistas; necesitamos fijar metas retadoras pero alcanzables, conocer la realidad actual de nuestras finanzas, priorizar, administrar los riesgos, invertir con criterio y, por supuesto, evaluar con regularidad nuestros resultados.
No buscamos convertirnos en expertas financieras de un día para otro, sino hacernos cargo de nuestra estabilidad económica con el mismo nivel de compromiso que demostramos en nuestro entorno laboral: desarrollar nuestros presupuestos personales, controlar los gastos y contar con seguros, respaldos y planes personales de retiro.
El liderazgo no se limita a tener voz y voto en la mesa de ejecutivos, también implica la libertad de elegir nuestro propio camino: permanecer en una empresa, emprender un nuevo proyecto, tomar un año sabático o decidir cómo queremos vivir nuestra jubilación.
Finalmente, nuestra versión profesional trasciende las paredes de la oficina, y nuestra independencia y bienestar financiero merecen ese mismo nivel de compromiso y estrategia.
*Originaria de Sonora, psicóloga por el ITESO y con una maestría en Administración. Actualmente lidera Talento y Desarrollo en Tiendas Bara, empresa de FEMSA, donde impulsa la atracción y el desarrollo del talento, así como el fortalecimiento del liderazgo y la cultura organizacional.
Durante más de ocho años en Fábricas Monterrey, desempeñó posiciones de liderazgo en Recursos Humanos en Guadalajara, Toluca y el ámbito corporativo, acompañando a equipos gerenciales y directivos en la gestión del talento y el desarrollo organizacional. Su trayectoria también incluye responsabilidades regionales en Grupo AJE y AB InBev / Grupo Modelo.
Ha vivido en más de ocho ciudades y es aficionada a la lectura, experiencias que han enriquecido su mirada sobre las personas y las distintas formas de ejercer el liderazgo.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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