Por Brenda Estefan

Los informes anuales de derechos humanos funcionan como espejos incómodos del momento histórico. El informe más reciente publicado por Human Rights Watch no deja margen para el optimismo: la democracia a escala global atraviesa su punto más bajo en cuatro décadas. En términos de libertades, contrapesos institucionales y respeto al Estado de derecho, el mundo ha regresado a un escenario comparable al de mediados de los años ochenta, cuando amplias regiones estaban dominadas por regímenes autoritarios. La intención de respetar los derechos humanos limitaba las atrocidades, pero hoy los monstruos del mundo parecen desencadenarse.

No se trata de un deterioro súbito ni atribuible a un solo actor. China y Rusia llevan años erosionando normas y equilibrios. Pero 2025 aparece en el informe como un punto de quiebre. No porque marque el inicio del retroceso, sino porque el regreso de Donald Trump a la presidencia ha acelerado y legitimado una dinámica que ya venía en marcha, debilitando los cimientos del sistema internacional de defensa de los derechos humanos.

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