Por Brenda Macias
Hay espacios teatrales que nos permiten escondernos. La oscuridad de la sala a la italiana protege el gesto, el llanto y la risa nerviosa. Entre el espacio del público y la ficción teatral suele levantarse esa barrera imaginaria que conocemos como la cuarta pared. Sin embargo, en la obra de teatro Pieza inconclusa para sofá y dos cuerpos, de Mariano Rochman, ocurre lo contrario.
El público rodea el espacio de representación y, mientras María del Carmen Félix e Isaac Salame reconstruyen los momentos luminosos y sombríos de una relación sexoafectiva y romántica, también podemos observar los rostros de quienes están sentados frente a nosotras. Esto ocurre en el Foro Bellescene, de la colonia Narvarte, en la Ciudad de México, donde el público no tiene dónde ocultarse: el espejo no está colocado en el escenario. El espejo somos las espectadoras y los espectadores quienes rodeamos el sofá. O, en términos de Augusto Boal y su “teatro foro”, somos espect-actrices y espect-actores, quienes también nos afectamos por el acontecimiento teatral.