Por Brenda Macias
Hay espacios teatrales que nos permiten escondernos. La oscuridad de la sala a la italiana protege el gesto, el llanto y la risa nerviosa. Entre el espacio del público y la ficción teatral suele levantarse esa barrera imaginaria que conocemos como la cuarta pared. Sin embargo, en la obra de teatro Pieza inconclusa para sofá y dos cuerpos, de Mariano Rochman, ocurre lo contrario.
El público rodea el espacio de representación y, mientras María del Carmen Félix e Isaac Salame reconstruyen los momentos luminosos y sombríos de una relación sexoafectiva y romántica, también podemos observar los rostros de quienes están sentados frente a nosotras. Esto ocurre en el Foro Bellescene, de la colonia Narvarte, en la Ciudad de México, donde el público no tiene dónde ocultarse: el espejo no está colocado en el escenario. El espejo somos las espectadoras y los espectadores quienes rodeamos el sofá. O, en términos de Augusto Boal y su “teatro foro”, somos espect-actrices y espect-actores, quienes también nos afectamos por el acontecimiento teatral.
Crónica de una ruptura anunciada
La obra, dirigida por Emmanuel Morales, sigue a Bea y a Diego a través de distintos momentos de su vida en pareja. No presenta el amor como una línea recta, sino como una memoria fragmentada: el flechazo, la intimidad, la costumbre, el cansancio, la ruptura y, finalmente, el temido eterno retorno. Algo se rompió en esa relación, pero no podemos señalar un único instante como la escena del “crimen”; simplemente el amor se va rompiendo, porque no siempre el amor todo lo puede.
Quizá por eso la pieza resulta tan inquietante. No pregunta solamente por qué termina el amor, sino en qué momento dos personas que alguna vez pudieron contárselo todo pierden la capacidad de asombro y, peor aún, de incomodarse y avanzar. Bea y Diego hablan mucho, pero sus palabras no siempre producen un encuentro. A veces explican cuando deberían escuchar; otras, responden a una herida distinta de la que tienen enfrente. El lenguaje, que al principio les permite aproximarse, termina convertido en una habitación donde cada cual permanece a solas.
El sofá como archivo afectivo
En el centro del escenario está el sofá. Mueble cotidiano, territorio compartido y archivo afectivo. Sobre él se seducen, se acompañan, discuten y se distancian. El sofá registra lo que los personajes quizá ya no pueden decir: la manera en que dos cuerpos se buscan y la distancia que aparece antes de que alguien decida marcharse. Se puede compartir un sofá, una casa y una historia y, aun así, habitar lenguajes incompatibles.
La dirección de Emmanuel Morales potencia esta contradicción al renunciar a la comodidad de la mirada frontal. La proximidad del público vuelve visibles a les personajes, pero también los efectos que la representación produce en las corporalidades reunidas en convivio. La sala adquiere algo de laboratorio porque en el centro se examina el deterioro de una pareja; alrededor, cada persona comprueba cuánto de esa historia reconoce en la propia. Una risa nerviosa, un cuerpo que se repliega o unos ojos que se humedecen pasan a formar parte del acontecimiento teatral. Alguien del público advierte a Bea sobre Diego: “¡Pregúntale qué signo es!”; “Es una red flag monumental, amiga, date cuenta”.
Una obra para ejemplificar cómo se ven las heridas emocionales
En algunos rostros del público podía advertirse que la obra había tocado una herida, quizá la del abandono, la del rechazo, la de la humillación, la de la traición o, quizá, ¿la herida de la injusticia? El montaje crea así una experiencia doble: observamos a Bea y a Diego, pero también cómo otras personas les observan. Quienes estamos en las butacas atestiguamos una relación y el efecto que su descomposición romántica produce en la pequeña comunidad reunida alrededor del sofá y los dos cuerpos.
Amor líquido
María del Carmen Félix e Isaac Salame sostienen esa exposición sin convertir a Bea y a Diego en culpables o en víctimas de una historia con final inesperado. Sus actuaciones permiten reconocer el entusiasmo, el deseo, la irritación, la ternura y el desgaste sin reducir el deterioro de la relación a una sola causa. La química de la pareja hace creíble tanto la luminosidad del comienzo como la imposibilidad posterior de encontrarse, de dialogar, de buscar soluciones. La ruptura duele precisamente porque antes vimos dos cuerpos capaces de construir un lenguaje común y, al mismo tiempo, destruirlo mediante incomodidades insuperables. ¿Será que la obra nos resume la tesis de Zygmunt Bauman y su “amor líquido”?
En una época saturada de mensajes instantáneos, notificaciones y palabras sueltas, Pieza inconclusa para sofá y dos cuerpos recuerda que comunicarse no equivale a hablar, ni a estar cerca, ni a contestar mensajes rápidamente, ni a decir a la primera provocación “te amo”; significa encontrarse, poner en práctica actos de cuidado e interés, no solo palabras bonitas que se lleva el viento. Hay parejas que no se separan cuando dejan de amarse, sino cuando ya no consiguen traducir aquello que sentían y proyectaban hacia el futuro.
Al terminar la función, el sofá permanece como testigo de una intimidad que ya no existe. A su alrededor quedamos nosotras, las espect-actrices y los espect-actores, mirándonos con los ojos hinchados de llorar. Tal vez esa sea la pregunta que la obra deja inconclusa: no cómo evitar que el amor termine, sino cómo reconocer el momento en que dejamos de escuchar a quien todavía se encuentra a nuestro lado.
Pase doble para la función del domingo 16 de agosto
Opinión 51 obsequiará un pase doble a la primera persona que comente y comparta este texto en Instagram y arrobe a su autora, @dramaga84. Es importante que dicha persona deje un correo electrónico para ponernos en contacto y darle las indicaciones sobre cómo recoger el pase doble en la taquilla del Foro Bellescene el próximo domingo 16 de agosto, a las 17:30 horas, para ingresar a sala en punto de las 18:00 horas.
FICHA TÉCNICA DE LA OBRA
Duración: 75 minutos.Género: Comedia/Drama.Dirigido a: adolescentes y adultos.
ELENCO
María del Carmen Félix e Isaac Salame.
CRÉDITOS
Dramaturgia: Mariano Rochman.
Dirección: Emmanuel Morales.
Productor general: Higinio David Miranda.
Coproductores: Emmanuel Morales, María del Carmen Félix, Isaac Salame.
Relaciones públicas: Humberto Vázquez Galindo.
Diseño gráfico: Miguel Luna.
Asistente de producción: Aldo Hernández.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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