Por Claudia Pérez Atamoros

México, un país donde las culpas se muelen… y los muertos se cubren

Entre el petate y el metate se ha tejido eso que llamamos idiosincrasia mexicana: una mezcla de resignación hilada a mano y resistencia molida a golpes. Ahí, en ese cruce de fibras y piedra, nacen las frases que nos enseñaron a repetir: las valedoras —“No me asustes con el petate del muerto”—; y también las machistas —"mala pal metate, pero buena pal petate”. Y quizá por ellas, las tragedias ya ni siquiera alcanzan a inmutarnos.

 Hoy, el petate dejó de ser advertencia para volverse costumbre.

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