Por Claudia Pérez Atamoros

Elegir cómo te mueves. Elegir con quién. Elegir si ese trayecto —el de todos los días— lo haces en compañía de otra mujer. Ahora está al alcance de tu mano. Suena increíble, ¿no?

Pues a partir de hoy es una realidad. Según lo anunció ayer con bombos y platillos la plataforma de transporte más utilizada en México quien de esta forma se suma —por fin— a las necesidades de nuestro tiempo y lanza Uber Mujeres.

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Y no, no descubren el hilo negro. En este país, desde hace años, se han ensayado distintas rutas para lo mismo: viajar más tranquilas, más cómodas. Pero no es menor que una aplicación de este tamaño —con más de cuatro millones de usuarios y casi la mitad mujeres— dé el paso de permitirnos elegir viajar con conductoras.

La nueva opción arranca hoy en cinco ciudades: Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Los Cabos y Cancún. Puede activarse como preferencia permanente, solicitarse en el momento o programarse con anticipación. Tecnología simple para una necesidad compleja: sentirte más cómoda y libre en el camino.

Porque de eso va, aunque no siempre se diga sin rodeos.

No es solo seguridad —esa viene, o debería venir, junto con pegado—. Es algo más difícil de nombrar: empatía. Afinidad. Escucha. Libertad. 

Libertad de retocarte el maquillaje sin sentir miradas, de hablar por teléfono sin bajar la voz, de ser tú —así, sin subtítulos ni explicaciones.

En 2010, la Ciudad de México implementó los “taxis rosas”. Más tarde, surgieron iniciativas que siguen activas, como Purple Drive, Feministas al Volante o Amorras Taxi. Todas con una premisa clara: seguridad para las mujeres en ambas vías, como usuarias y como conductoras. Y en el entendido —aunque suene “extraño”— de que viajar entre iguales da una sensación de comodidad difícil de explicar, pero muy fácil de reconocer.

¿Llega tarde Uber? Sí, probablemente. Pero llega escuchando.

Desde 2020 existe “Ellas”, la opción para que las conductoras elijan pasajeras. Faltaba el otro lado del espejo: que nosotras también pudiéramos decidir.

Porque en este país moverse nunca ha sido igual para todos, mucho menos para nosotras.

Por eso esta nueva modalidad —ya visible en la app— nos viene como anillo al dedo: mujeres que llevan a mujeres. Pero también mujeres que contienen, que escuchan, que entienden sin traducción simultánea lo que implica trasladarse en esta ciudad siendo mujer.

Porque a veces el trayecto no pesa por la distancia, sino por el contexto. Por no poder, en medio del tráfico, decir con toda naturalidad: “me estoy haciendo pis”. Así de simple. Así de cotidiano. Así de revelador.

Y en esa memoria hay una línea que viene de lejos. Mucho antes de apps y configuraciones, en 1960, Rosalía Orozco Sandomingo se convirtió en la primera mujer con placas oficiales de taxi en México. No tenía botón de preferencia. Tenía carácter. En un mundo que le decía “no es por aquí”, ella giró el volante y avanzó.

Desde entonces, cada avance ha sido eso: un pequeño movimiento en una dirección distinta. Pero siempre hacia adelante. Una opción más en un camino que sigue incompleto. 

Hoy, las conductoras de Uber representan apenas el 7% de la plantilla. Pero ese dato, más que límite, es una posibilidad absoluta: una puerta abierta para que más mujeres encuentren en el volante una fuente de ingresos, independencia y, por qué no, también de realización personal.

Porque sí, el volante también puede ser eso: libertad económica, autonomía y uno que otro sueño cumplido.

Pero ojo: las opciones importan. Porque elegir también es una forma de libertad y durante demasiado tiempo, incluso eso nos fue negado.

Hoy no se resuelve todo, pero al menos, por primera vez en mucho tiempo, el trayecto empieza a parecerse un poco más a nosotras. Sobre todo, para quienes prefieren esta opción de transporte: por costumbre, por el valor agregado o, simplemente, porque sigue siendo la que más les acomoda. 

Uber Mujeres no es la meta, es una parada; otro escalón de los muchos que se vislumbran en el mundo de la movilidad femenina.

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@perezata

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