Por Consuelo Sáizar de la Fuente
A la memoria de Roxana Guzmán.
Carlos Monsiváis ha sido en estos días más citado que nunca y tan extrañado como siempre. Se le invoca porque se extraña su total curiosidad, capaz de escuchar al país cuando el país se vuelve multitud. México canta, grita, llora, abuchea, idolatra, celebra y se contradice con una elocuencia torrencial que exige lectura, interpretación, matiz, ironía, contexto y forma. Todo lo que, durante décadas, Carlos Monsiváis mostró en sus textos.
El gran cronista de la cultura popular mexicana sigue siendo necesario porque logró convertir esa materia fugitiva —la alegría pública, la lágrima compartida, el fervor del estadio, la canción coreada por todos— en una forma de conocimiento. Le dio letras y sentido a lo que el país sentía antes de saber nombrarlo.
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