Por Patricia Conde Juaristi
Leonor se detuvo frente a la reja de hierro. Nunca supo por qué pintan las verjas de verde. Leyó las letras muy despacio "Panteón San Isidro". Un leve temblor en las piernas la obligó a caminar. Apretó entre sus manos las azucenas marchitas que compró hace ya varios días. El aire ligero de esa hora de la tarde le trajo los recuerdos a pedazos. Cuántas veces oyó a Isaura decir que no quería ser enterrada en medio de esta avenida sucia y ruidosa. Isaura y Leonor vivieron trotando entre nubes y pantanos. Su casa, llena de luz, patios, voces, se remonta a un Azcapozalco de principios de siglo.