Por Patricia Conde Juaristi
Ella está sentada al fondo de la habitación. La oscuridad ha entrado por completo y su sombra se ve recortada solamente por el halo de luz que desprende de sí misma. Me acerco despacio para no inquietarla. Mis pasos no suenan en la madera cuyo barniz se han llevado los años.
¿Isaura?
Escúchame. Necesito hablarte.
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