Por Diana Murrieta*

El Senado aprobó un paquete de reformas a 17 leyes federales en materia de igualdad sustantiva y derechos de las mujeres. En el papel, el avance es significativo: se armoniza el marco jurídico con estándares internacionales, se fortalecen obligaciones institucionales y se reconoce, al menos normativamente, que la violencia contra las mujeres es un problema estructural que exige respuestas integrales del Estado.

Pero si algo nos ha enseñado la historia reciente en México es que reformar la ley no equivale automáticamente a transformar la realidad.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.