Por Diana Murrieta*

Hace algunos días, México dio un paso que, en papel, parece histórico: la aprobación por unanimidad de una Ley General en materia de feminicidio. La promesa es ambiciosa —homologar el delito en todo el país, cerrar brechas jurídicas y garantizar que ninguna muerte violenta de una mujer quede fuera de la categoría que nombra lo que es: feminicidio.

Sin embargo, en México las leyes suelen avanzar más rápido que la justicia y la realidad, a su vez, que las leyes.

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