Por Diana Murrieta*

La discusión sobre una Ley General para Prevenir, Investigar, Sancionar y Erradicar el Feminicidio representa una oportunidad que México no puede desperdiciar. No porque una nueva ley, por sí sola, vaya a resolver la violencia feminicida, sino porque obliga al Estado mexicano a hacerse una pregunta que durante años ha evitado responder de manera integral: ¿qué está fallando para que las mujeres sigan siendo asesinadas y para que, después de esos asesinatos, tantas familias sigan enfrentándose a la impunidad?

En este proceso se ha anunciado la realización de mesas de diálogo con organizaciones de la sociedad civil, colectivas, especialistas, víctimas y familiares, mismas que serán llevadas a cabo esta semana. Esa apertura es importante. Pero participar no puede significar únicamente ocupar una silla, entregar observaciones o aparecer en una fotografía institucional. La verdadera participación implica que las propuestas sean escuchadas, discutidas y, cuando resulten pertinentes, incorporadas al texto que eventualmente será aprobado.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.