Por Edelmira Cárdenas
Hay un momento en la vida de muchas mujeres que no hace ruido. No hay portazos. No hay lágrimas dramáticas bajo la lluvia. No hay canciones de despecho sonando a todo volumen. Sucede algo mucho más silencioso. Un día despiertas y descubres que ya no tienes ganas de insistir. Y qué raro se siente.
Porque durante meses, o quizá años, pensaste que el amor consistía precisamente en eso: insistir; insistir en hablar, en explicar, en esperar, en creer que esta vez sí iba a cambiar. Nos enseñaron que el amor verdadero luchaba hasta el final.
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