Por Edelmira Cárdenas
Porque una cosa es envejecer y otra muy distinta es entrar en crisis cada vez que el espejo nos recuerda que el tiempo también pasó por nosotras. Hay una mañana en la vida de muchas mujeres en la que nos miramos al espejo y pensamos: «Perdón, ¿y esta quién es? ¿Qué hicieron con la otra?».
La energía ya no es la misma, el sueño se convirtió en un asunto diplomático, el humor anda por libre y el deseo sexual aparece cuando quiere, si quiere y, de preferencia, cuando ya no tenemos que madrugar al día siguiente. De pronto, subir tres pisos parece una actividad de alto rendimiento y despertarnos a las tres de la mañana nos convierte en murciélagos con pendientes.