Por Edith Ruiz Gastélum*

México tiene un problema de salud pública que rara vez ocupa el centro de la conversación nacional. No provoca la alarma inmediata de una epidemia ni genera la atención mediática de una crisis repentina. Avanza en silencio, durante años, hasta manifestarse en forma de infartos del miocardio, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia vascular o muerte prematura. Se llama aterosclerosis y es el principal factor detrás de las enfermedades cardiovasculares, que encabezan las estadísticas de mortalidad en el país y así ha sido en los últimos 40 años, y mientras otros países reducen su mortalidad, en nuestro México va incrementando cada vez más y más, y con una mayor afectación a generaciones más jóvenes.

Lo paradójico es que sabemos cómo combatirla.

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