Por Pia Taracena Gout
audio-thumbnail
Audiocolumna
0:00
/302.808

En el segundo periodo del presidente Donald Trump, la política exterior de Estados Unidos se ajusta cada vez más a la visión trumpista, según la cual su país ha sido abusado durante años. Abusado por otros países, por la izquierda estadounidense o por cualquier otra forma de cuestionamiento que se exprese en contra de su visión particular del papel de Estados Unidos en el mundo.

Basta con echar un vistazo a la prensa nacional e internacional de estas semanas para darse cuenta de cómo el gobierno de Trump busca, desesperadamente, establecer una nueva forma de liderazgo internacional. Su característica principal es un unilateralismo arropado con ideas de otros tiempos, como la narrativa contra el comunismo, que se combina con la del victimismo.

Tres acciones sirven para ilustrar lo planteado en estas líneas.

La primera es la cumbre encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio, en Washington a mediados de julio, que tuvo como objetivo principal analizar el resurgimiento de lo que llaman el terrorismo de la extrema izquierda (la cumbre Antifa), a la que asistieron 67 invitados internacionales.

La reunión fue una muestra de la postura del secretario de Estado respecto a la izquierda radical mundial, en un esfuerzo por convencer a los asistentes de que el terrorismo de izquierda radical sigue extendiéndose por el mundo y constituye una amenaza real. La administración catalogó, desde septiembre de 2025, a estas organizaciones como terroristas, a pesar de que, en realidad, se trata de una red sin estructura definida, de carácter anárquico, que protagoniza disturbios antifascistas principalmente en Estados Unidos. Para Rubio era necesario enfatizar que estos grupos radicales "tienen un resentimiento ponzoñoso, disfrazado de un lenguaje de igualdad, justicia y liberación", colocándose así a la cabeza de una cruzada internacional contra el comunismo. Buscaba estrechar lazos con grupos políticos de derecha que compartieran una visión similar a la de MAGA (Make America Great Again). La estrategia es completa, pues incluso se ha propuesto apoyar a distintas organizaciones de la sociedad civil de derecha, principalmente en Europa, con cerca de tres millones de dólares.

La segunda acción fue otra reunión que vincula la política interna con la externa: la Cumbre América Libre de Fentanilo, llevada a cabo en Florida, con cerca de tres mil asistentes pertenecientes a coaliciones comunitarias antidrogas.

Si bien se trató de una reunión de carácter interno, el mensaje se escuchó fuerte y claro a nivel internacional y, sobre todo, fue un mensaje directo para México. En ese encuentro, el director de la Drug Enforcement Administration (DEA), Terrence Cole, lanzó una declaración muy fuerte contra el gobierno mexicano al asegurar que mantiene una "peligrosa conexión" con los cárteles. El objetivo de la cumbre es lograr un Estados Unidos libre de fentanilo, trabajar en las comunidades mediante programas de educación y rehabilitación, disminuir las muertes provocadas por su consumo y, al mismo tiempo, evitar la entrada del opioide sintético al país. La intención es elevar la presión sobre México para que combata a las organizaciones criminales. En ese marco también fueron catalogados como terroristas dos cárteles más: el de Juárez y Los Viagras.

La tercera acción consiste en insistir en la narrativa sobre la influencia extranjera en las elecciones de Estados Unidos, expresada por el presidente Trump en un discurso a la nación emitido el jueves 16 de julio de 2026. El objetivo es preparar el camino para las elecciones de noviembre, de manera que, por si las dudas, pueda argumentarse un eventual fraude electoral provocado por intervenciones extranjeras. Pero, ¡oh, sorpresa!, las acusaciones de intervención no fueron contra Rusia, sino contra China. Según el presidente y de acuerdo con información de inteligencia, esa intervención ocurrió en las elecciones de 2020.

La declaración busca provocar un ambiente de desconfianza en torno al sistema electoral estadounidense, criticado reiteradamente por el presidente, quien desea modificarlo. Recordemos que Trump presentó ante el Congreso una reforma electoral denominada Save America Act, que busca, entre otras cosas, endurecer los requisitos de identificación y ciudadanía para votar.

El gobierno chino reaccionó calificando de "pura invención" las declaraciones del presidente. Con ello se tensiona, de manera gratuita, una relación que parecía haber mejorado tras la visita de Trump a China el pasado mes de mayo, durante la cual aseguró que entre ambos países "habría un futuro fantástico", hoy empañado por sus recientes declaraciones.

En las tres acciones aquí citadas vemos con claridad que, cuando la política interna de un país se mezcla con la política exterior, los resultados pueden ser contraproducentes para quien las combina si no obtiene lo que busca. Terrorismo de izquierda, terrorismo de los cárteles e interferencia extranjera en las elecciones son estrategias claras del gobierno de Estados Unidos para fortalecer su liderazgo internacional y, al mismo tiempo, tratar de resolver sus problemas internos. Hablar constantemente a su base para sostenerse en el poder mientras intenta moldear al mundo a su imagen y semejanza. ¿Será? Al menos ellos creen que sí.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.