Por María Emilia Molina de la Puente* 

Durante muchos años creí que había conquistas irreversibles. Que había instituciones demasiado sólidas para derrumbarse y principios constitucionales que ninguna sociedad democrática volvería a poner seriamente en duda. Pensaba que el Estado de derecho, con todas sus imperfecciones, era una construcción suficientemente fuerte para resistir los embates de la política, las tentaciones del poder y las coyunturas. Me equivoqué.

No fue una conclusión a la que llegara desde la academia. Fue un golpe de realidad.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.