Por Lourdes Mendoza
Durante años escuchamos que la internacional de la izquierda existía, que sus causas viajaban de un continente a otro, que sus narrativas cruzaban fronteras con una facilidad sorprendente y que, cuando uno de los suyos estaba en problemas, aparecían voces de apoyo desde distintos rincones del mundo. La pregunta era: ¿y la otra mitad del espectro político? Pues parece que decidió dejar de caminar cada quien por su cuenta.
Eso fue, en esencia, lo que sucederá en Madrid durante el primer Forum Libertas, del 15 al 16 de julio, un encuentro que reunirá a más de 60 partidos políticos de 40 países de Europa e Iberoamérica. No es un seminario académico ni una reunión para tomarse la foto y regresar a casa. La apuesta, al menos en el discurso y en el manifiesto, es mucho más ambiciosa: convertir este encuentro en el primero de muchos y construir una alianza permanente de partidos de centro y centroderecha para defender —dicen ellos— la democracia liberal, el Estado de derecho y la libertad.
En entrevista exclusiva, Dolors Montserrat, secretaria general del Partido Popular Europeo, me resumió la lógica detrás del proyecto con una frase que vale la pena detenerse a analizar: “La izquierda siempre ha sabido trabajar unida; nosotros hemos defendido la libertad, pero muchas veces lo hemos hecho cada uno desde su país”. Sería la autocrítica más interesante.
Y no, no se trata de cuatro dirigentes buscando reflector. Se trata de la coincidencia de Manfred Weber, presidente del Partido Popular Europeo; el expresidente Felipe Calderón; María Corina Machado y Edmundo González, símbolos de la oposición venezolana; Keiko Fujimori; Andrés Pastrana; el primer ministro portugués Luís Montenegro; representantes del gobierno italiano, del gobierno belga, de Hungría, de Ecuador, de República Dominicana, de Cuba, de Nicaragua… en pocas palabras: chile, mole y manteca, pero con un hilo conductor bastante claro.
Lo interesante es que no se trata de una diplomacia políticamente correcta. Sino de hablar de populismo, de desinformación, de gobiernos que concentran el poder, de instituciones debilitadas y de autocracias que —según su diagnóstico— no llegan de golpe, sino poco a poco; primero desacreditan a la oposición, luego a los jueces, después a la prensa y finalmente convierten al Estado en una extensión del partido gobernante. La descripción, inevitablemente, hizo que más de uno pensara en varios países al mismo tiempo.
Le pregunté a Dolors sobre México y respondió sin rodeos: “México tiene hoy un muy mal gobierno, como le pasa a España, pero México es un gran país”. Guste o no la respuesta, el dato político es otro: México está presente en una conversación internacional sobre el deterioro democrático. Ya no es únicamente un debate doméstico. Afuera también nos observan y, sobre todo, empiezan a incorporarnos en el mapa de los países donde los contrapesos están bajo presión.
Otra idea que me llamó la atención fue su explicación de por qué la izquierda logró crecer durante tantos años. Su respuesta no fue económica, sino política: entendieron que la batalla también era por el relato, por la narrativa, por la construcción de mayorías culturales. La centroderecha, en cambio, reaccionaba cuando ya tenía el problema encima. Ahora pretende hacer exactamente lo contrario: coordinarse antes.
¿Eso garantiza que tengan razón? Por supuesto que no. Tampoco significa que todo gobierno de izquierda sea autoritario ni que toda propuesta de centroderecha sea la solución. La democracia, justamente, consiste en que las ideas compitan. Pero sería ingenuo minimizar lo que ocurrió en Madrid pensando que fue un simple encuentro partidista. Cuando más de 60 partidos deciden coordinarse alrededor de una agenda común, algo se está moviendo en el tablero internacional.
Y quizá ese sea el verdadero titular. No que la derecha se reúne. Eso sucede cualquier día. Lo novedoso es que decidió organizarse como bloque, igual que durante años lo hizo la izquierda. La política internacional está entrando en una nueva etapa y, para bien o para mal, México forma parte de esa conversación.
Porque mientras aquí seguimos atrapados en la discusión cotidiana, allá afuera ya comenzaron a diseñar la siguiente partida.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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