Por Ivabelle Arroyo
Me encantó el título con el que Ríodoce contó, sin pudor y de inmediato, lo ocurrido en Sinaloa: “Rocha regresa, lo aplasta Sheinbaum y pide otra licencia”. Lo que vio el medio sinaloense es lo que todos vimos, a pesar de la insistencia presidencial por hablar de decisiones personales. La conclusión salió casi sola: la Presidenta manda, la Presidenta puede sola.
Porque, a ver, sí impresiona. Sheinbaum ha ido construyendo una autoridad política que al principio de su gobierno no estaba tan clara; hoy puede disciplinar a figuras importantes de su partido, negociar con gobernadores, conseguir respaldos, intervenir en conflictos regionales y hacer sentir el peso de la Presidencia cuando una decisión le importa. Y en este caso claro que le importa: tiene a Washington respirándole en la nuca, pidiendo cabezas y expedientes. Evitar un desafío abierto de Rocha forma parte de una prioridad mayor, que ya de por sí es delicada por no entregarlo. Todo eso es poder político real, no propaganda, y sería absurdo minimizarlo.