Por Jacqueline L'Hoist Tapia*
Es cierto que muchas y muchos defensores de derechos humanos reconocimos en Alejandro Encinas a un funcionario comprometido, desde el corazón, con la defensa y garantía de los derechos humanos.
Tuve la maravillosa oportunidad de conocerlo gracias a Raúl Flores, cuando este era delegado de Coyoacán, y siempre pensé que ojalá algún día tuviera el privilegio de trabajar a su lado para aprender de su entereza.
Alejandro Encinas fue constituyente de la Ciudad de México y nada menos que presidente de la Mesa Directiva. El 5 de febrero de 2017 fue publicada la Constitución de la Ciudad de México, cuyo primer párrafo establece: “La dignidad humana es principio rector supremo y sustento de los derechos humanos”. No me equivoco al afirmar que, en su momento, fue una de las constituciones más avanzadas en la materia.
Posteriormente, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, fue nombrado subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación. Destacó por su apertura y disposición para trabajar sobre la base del diálogo y en favor de la promoción y protección de los derechos humanos reconocidos internacionalmente. No lo digo yo; lo señaló la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. También destacó por su trabajo en el caso Ayotzinapa, su colaboración con el CONAPRED (hoy de triste memoria) y, por supuesto, por su labor en el tema de las personas desaparecidas, fue un aliado también importante en COPRED cuando presidí esa institución.
Su salida de subsecretaría nos dolió a muchas y muchos. Sabíamos que nadie podría llenar ese espacio, y así fue: nadie pudo.
Ahora ocupa un espacio privilegiado para impulsar una de las causas a las que ha dedicado gran parte de su vida: como representante de México ante la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Sin embargo, esta semana conocimos a otro Alejandro. Durante su participación en la Misión Permanente de México ante la OEA, fue la voz encargada de anunciar que México se abstendría de respaldar la resolución para convocar una reunión urgente de cancilleres destinada a evaluar medidas contra el gobierno de Nicaragua.
Así se escribió un post desde la cuenta de MisionMexOEA: “México reafirma su compromiso con el respeto a la democracia y los derechos humanos en Nicaragua” y “Proponemos privilegiar el diálogo, tender puentes y buscar soluciones pacíficas, con pleno respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos”.
Y yo me pregunto: ¿dónde está la autodeterminación del pueblo nicaragüense? ¿Acaso fueron las y los ciudadanos quienes, de manera democrática, decidieron que no querían más elecciones?
Fue Daniel Ortega quien anunció que no volverían a haber elecciones en el país para evitar que la oposición “atrape el poder”. Ortega gobierna Nicaragua desde 2007 y fue reelegido en 2011, 2016 y 2021. Al final de su cuarto periodo presidencial, que estaba programado para concluir en 2026, promovió en febrero de 2025 una reforma constitucional para extender el periodo presidencial de cinco a seis años. Ahora afirma que no habrá más elecciones, arrebatándole a la ciudadanía un derecho fundamental: decidir quién les gobierna.
No me sorprende que el Gobierno de México se escude en el principio de “soberanía” para evitar condenar la vulneración del derecho de un pueblo a elegir a sus gobernantes. Lo que no deja de sorprenderme es que sea el mismo Alejandro Encinas quien sostenga esa posición, porque me resulta difícil creer que él también se sienta más cómodo conviviendo con dictaduras como la de Daniel Ortega que enfrentándolas.
*Jacqueline L'Hoist Tapia
Asesora externa
Accede Sin Discriminación
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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