Por Jimena de Gortari Ludlow
Salir del Metro puede convertirse, en unos cuantos pasos, en una pequeña lección sobre las contradicciones de la ciudad. Un comerciante con permiso ya no podrá gritar para ofrecer sus productos ni usar bocinas para llamar la atención de quienes pasan. A unos metros, un vehículo anuncia colchones, fierro viejo, agua o gas a un volumen que nadie eligió escuchar. Los dos ocupan la misma calle. Los dos producen el mismo sonido. Solo uno de ellos tiene que responder por él.
Desde el 20 de agosto rige un nuevo reglamento para los locales y espacios comerciales del Sistema de Transporte Colectivo Metro, publicado en la Gaceta Oficial el día anterior. Entre sus disposiciones hay una que resulta significativa: prohíbe a los permisionarios utilizar “aparatos de sonido, radios, bocinas, altavoces, gritar y/o cualquier otra forma similar de llamar la atención que generen contaminación auditiva” para promover sus productos.