Por Karla Carbajal*

Hay días en los que todo parece demasiado grande: lo que ocurre allá afuera, lo que no controlamos, lo que se acumula sin pausa. Y, sin embargo, la vida sigue sucediendo en otra escala, mucho más cercana, casi imperceptible: en la forma en que hablamos, en cómo escuchamos, en la manera en que atravesamos un momento sin detenernos o, por el contrario, elegimos quedarnos un poco más.

Hay algo que no se dice lo suficiente: la realidad no se sostiene en los grandes momentos, sino en lo que hacemos cuando nadie está mirando. No en los discursos ni en lo que se declara en público, sino en esos gestos mínimos que se repiten todos los días: en cómo tratamos a alguien cuando no necesitamos nada de esa persona, en cómo respondemos cuando algo nos incomoda, en lo que elegimos sostener sin cuestionarlo.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.