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Karla pensaba que no tenía carácter para el cáncer; la vida le dió otra versión. Karla le escribe a Zoe.

Tú también puedes compartir tu historia, Zoe te escucha.

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Hola, soy Karla quiero compartir mi experiencia con el cáncer de mama, con la intención de aportar un pequeño grano de arena sobre la importancia de las mastografías y los ultrasonidos. Durante muchos años fui una persona que no creía realmente en este tipo de estudios. Siempre me consideré una mujer muy sana, cuidada, y pensaba que a mí no me iba a pasar nada. Incluso solía decir, “yo no tengo personalidad para el cáncer” ni para ninguna enfermedad; sin embargo todo cambió el día en que fue imposible ignorar que había una bolita en mi seno derecho. Ahí fue donde comenzó mi experiencia con el cáncer. 

El 18 de noviembre de 2025 me realicé un ultrasonido, después de que mi ginecóloga me lo sugiriera. Ella, con base en su experiencia, me dio un diagnóstico muy laxo, diciéndome que probablemente se trataba de una bolita de agua. Durante el ultrasonido, la técnica llamó a la radióloga encargada, quien me comentó que era mejor esperar los resultados para saber exactamente de qué se trataba. 

Cuando regresé por los resultados, me pidieron hablar nuevamente con la radióloga. Ella me dijo que no le gustaba la forma de la lesión y me sugirió hacer una resonancia magnética y una biopsia. Yo estaba en total negación; pensaba que era una exageración y que seguramente se trataba de grasa o algo sin importancia. Sin embargo, una amiga muy cercana me insistió en que fuera con un oncólogo, recordándome que este tipo de abultamientos no se pueden tomar a la ligera. Le hice caso, fui con el oncólogo y él confirmó que era necesaria una biopsia. 

Una semana después llegó el diagnóstico, y aquí quiero decir algo muy importante: un diagnóstico no es una sentencia. Aun así, escuchar “es un tumor maligno, tienes cáncer y hay que operar” es algo para lo que nadie está preparado. Me operan al siguiente jueves, justo un mes después del primer ultrasonido. 

La cirugía fue larga pero exitosa: se retiró el tumor, se limpió el área, se enviaron muestras a patología en ese mismo momento, se revisaron ganglios y se aplicó radiación intraoperatoria. Al día siguiente me dijeron que lo más probable era que solo necesitara tomar una pastilla antihormonal durante cinco años. Me fui a casa muy tranquila, hasta que una semana después, al regresar para retirar los puntos, el oncólogo me informó que no había salido un solo tumor, sino dos. Era un caso poco común, no más grave, pero con un tratamiento distinto. 

Me hice una resonancia magnética para descartar más tumores. Gracias a Dios, los resultados salieron limpios, revisados por tres instituciones distintas. Ahora estoy por iniciar 15 sesiones de radiación para asegurar que no quede absolutamente nada maligno. 

Este proceso ha sido rápido y eterno a la vez. Me siento rodeada de amor, muy agradecida y consciente de la enorme lección que me deja todo esto: las revisiones salvan vidas. Si mi tumor no hubiera sido palpable, quizá nunca lo habría detectado a tiempo. Hoy siento que parte de mi misión es compartir mi historia para que más mujeres se revisen, se toquen, se cuiden y no duden en acudir con un especialista. Detectarlo a tiempo hace toda la diferencia.


Zoe es un proyecto editorial de Opinión 51 que busca contar historias de pacientes de cáncer de mama, sus miedos pero también su motivación y su fuerza. Creemos que las palabras abrazan y acompañan, tu historia puede ser una fuente de esperanza para alguien más.

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Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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