Por Laura Brugés
El Comité Técnico de Evaluación (CTE) del proceso para ocupar las vacantes del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) está cargado de vicios. Falta de transparencia, perfiles favoritos de la llamada 4T y señalamientos de posibles filtraciones del examen de conocimientos, un examen que, casualmente, resultó casi perfecto para perfiles afines al gobierno o que han colaborado históricamente para favorecer electoralmente a Morena. Entre los 100 seleccionados figuran dos perfiles que fueron artífices de la sobrerrepresentación de Morena a nivel local. El proceso que debería garantizar la independencia del árbitro electoral del país huele, desde sus cimientos, a operación política.
Que el CTE no explique con qué puntaje cada aspirante superó la evaluación no abre una puerta a la sospecha; la deja de par en par. Descartó a 71 aspirantes: 37 mujeres y 34 hombres, sin motivar su resolución, y no hizo públicas las calificaciones de la evaluación de idoneidad de ninguno de los 100 que sí avanzaron. En un proceso que está constitucionalmente obligado a regir bajo el principio de máxima publicidad. ¿Con esa opacidad, cómo quieren que no pensemos mal, que se dé lugar al sospechosismo y desconfianza alrededor del mismo?
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