Por Laura Carrera
Cada vez que se presenta un nuevo modelo policial en México —con sus objetivos, sus ejes rectores, su lenguaje técnico y su conferencia de prensa— hay una pregunta que nadie hace en voz alta: ¿alguien le preguntó al policía?
No al policía ideal. Al que sale a las seis de la mañana sin desayunar porque no le alcanzó. Al que lleva dos semanas sin ver a sus hijos porque los turnos no cesan. Al que recibió una orden de su mando que no entiende, no puede cuestionar y tiene que ejecutar. Al que sabe que si lo matan en servicio, la institución tardará meses en pagarle a su familia. A ese policía. ¿Alguien le preguntó?
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