Por Soledad Durazo
La frase del título de esta columna la tomo del libro “Raíz que no desaparece” de Alma Delia Murillo que a su vez recuerda que ésta estaba en una pancarta en la primera gran marcha por los desaparecidos del Caso Ayotzinapa. Corría el año 2014.El tema central del libro es el de las desapariciones y la tragedia que viven miles de familias en este país que buscan a sus tesoros, como les llaman.Por más que incomode el tema y más doloroso que sea, no podemos darle la espalda ni tragarnos sin cuestionar las cifras oficiales desde un discurso que intenta con palabras y cifras maquilladas, esconder la dimensión de la tragedia que significa que cada 45 minutos en promedio, una persona más se sume a la triste estadística. Esas raíces no desaparecen, por más tierra y palabras que se le echen encima.Si hay heroínas y héroes en estos tiempos, sin duda deben estar en los colectivos, principalmente de madres buscadoras.
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