Por Laura Carrera
Durante una reunión un especialista en desarrollo social dijo algo que se quedó dando vueltas en mi cabeza: la sociedad está cada vez más agresiva, más enojada. Lo vemos en la violencia dentro de las familias, en los conflictos entre vecinos, en el transporte público, en las escuelas y hasta en la manera en que los niños comienzan a relacionarse.
Basta observar lo que sucede todos los días. Una diferencia de tránsito termina en golpes. Una discusión entre vecinos puede escalar hasta convertirse en una amenaza. En las redes sociales, personas que ni siquiera se conocen se insultan con una violencia sorprendente. En las familias se habla menos y se grita más. Cada vez tenemos menos paciencia, menos disposición para escuchar y menos capacidad para detenernos antes de reaccionar.
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