Por Laura Pérez Cisneros
Los hombres que se han convertido en los representantes de Dios en la Tierra, queda claro, son tocados por lo divino. Vestir las ropas papales los transforma: despiden una luz y una blancura únicas. Quien ha tenido la oportunidad de ver a algún papa lo puede confirmar.
Los papas han cargado su cruz. La enfermedad ha sido una constante y ellos han sido ejemplo de cómo llevarla y convivir con ella. Mostrar esa “debilidad de padecer una enfermedad” les ha dado fortaleza y los ha unido a millones de personas que sufren en el mundo.