Por Leticia González Montes de Oca

Sí, vi la escena: esos segundos parecían extraídos de una película de terror. Los golpes brutales en la puerta de su casa sin que nadie pudiera hacer nada. La impotencia ante la salvajada inminente. La furia, la saña, los encapuchados, las armas. Los gritos desesperados como antesala del infierno.

Su fotografía, sonriente y llena de vida, se me quedó grabada. Maldije y quise tener la esperanza de que, como suele suceder cuando un caso como ese se conoce en medios y redes, se harían los esfuerzos necesarios para dar con ella y poder informar que el caso había sido atendido.

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