Por Lillian Briseño
No nos conocemos. Nunca nos hemos visto, y es muy probable que nunca lo volvamos a hacer. Sin embargo, en ese instante somos compañeros, amigos, familia… ¡mexicanos!
Son nuestros vecinos de la fila de atrás, pero conforme avanza el partido nos vamos hermanando. Tampoco sé si van juntos o ahí se encontraron. Son jóvenes y están contentos, muy contentos. Su lenguaje es florido, pero no molesto ni ofensivo. Es más, es hasta divertido y folklórico, siempre relacionado con las pifias o aciertos de lo que está pasando en la cancha.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...