Por Sofía Pérez Gasque Muslera
Durante siglos, el acceso al conocimiento fue uno de los principales factores que definieron las oportunidades de las personas. Quien tenía acceso a libros, universidades, archivos, expertos o medios de comunicación poseía una ventaja competitiva frente a quienes no podían acceder a esa información. La alfabetización consistía en aprender a leer; la educación, en aprender a encontrar respuestas. Hoy estamos entrando en una nueva etapa de la historia donde el problema ya no es encontrar información, sino determinar si la información que encontramos es verdadera.
La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha modificado radicalmente la economía de la información. Por primera vez, producir contenido escrito, imágenes, videos, audios o análisis tiene un costo marginal cercano a cero. Lo que antes requería equipos de trabajo, especialistas, investigación y tiempo, hoy puede generarse en segundos. Esta transformación representa enormes oportunidades para la productividad, la educación y la innovación, pero también plantea un desafío mucho más profundo: la erosión de nuestra capacidad colectiva para distinguir entre realidad y fabricación.
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