Por Linda Atach Zaga
No sabes lo fuerte que eres hasta que
ser fuerte es la única opción que tienes
-Bob Marley.
Tratamos de reunirnos cada vez que viene a México, a pesar de que su agenda se complique apenas toca la ciudad, donde siempre tiene un universo que concretar.
Como tantos mexicanos -más curtidos por el dolor que motivados por los resultados- Dan Israel Fernández Morán es familiar de víctima de desaparición. También forma parte de ese lastimado grupo que todavía tiene la fuerza interior para levantar la voz y no hundirse en el pasmo de la pérdida, porque mi amigo no ceja, ni baja la guardia, tampoco piensa claudicar.
Desde que su hermano Dan Jeremeel fue visto por última vez en el poblado de Gómez Palacio, el 19 de diciembre de 2008, Dan Israel, su madre, Yolanda Morán y su hermana Grace Mahogany indagaron lo que pudieron con sus compañeros de trabajo y luego buscaron en clínicas, hospitales y cárceles municipales. De esta primera movilización, el único y muy significativo hallazgo, fue el coche de Dan Jeremeel encontrado en posesión de un militar en servicio activo. Desde entonces el camino ha sido disparejo y desbordado de altas y bajas.
Escuchar a Dan Israel motiva más que la mejor la sesion de coaching, aunque a veces pienso que la elocuencia que lo caracteriza es un mecanismo para recobrar el coraje que se le escapa en cada hora de incertidumbre, o tal vez un ejercicio mental que lo lleva al futuro, desvinculándolo de su presente, porque su situación dista mucho de lo ideal y ser buscador no es natural, aunque el amor que sentimos por los nuestros nos orille a hacerlo.
La última vez que nos vimos, Dan estaba más animado que en otras ocasiones. Me compartió que por fin la ONU reconocía la figura de las madres buscadoras e instituía el 19 de diciembre como el Día Internacional de Reconocimiento a las Mujeres Buscadoras de Personas Desaparecidas. De hecho me pidió apoyarlo para organizar una exposición capaz de visibilizar este avance y otros que ha conseguido en su estado, Coahuila, donde por fin parece haber algo de luz al final del túnel.
Lo mejor, me decía, es que además de la declaratoria, la ONU emitía una serie de recomendaciones, todas alineadas a la protección de las buscadoras: desde abordajes bajo una perspectiva de género y el reconocimiento de la discriminación, aislamiento y la criminalización que viven las buscadoras sólo por ser mujeres y su integración amecanismos de protección eficaces para evitar agresiones, amenazas o asesinatos, hasta su inclusión en las deliberaciones y toma de decisiones sobre las leyes y metodologías de búsqueda.
Sentirlo tan esperanzado por la intervención de Naciones Unidas, cuando apenas en 2024, el Congreso de la Unión buscaba reformar el artículo 1º de la Constitución, limitando el principio pro persona que opera a favor de la protección más amplia para las personas, al acatar los principios de tratados internacionales, me dejó más que preocupada, pues si bien los cambios no procedieron, hubo un momento en que nuestra posibilidad de apelar a instancias como la ONU, la Corte interamericana de Derechos Humanos e incluso, la Corte Penal Internacional, estuvieron muy en riesgo.
Subrayo esto porque cambios de esta naturaleza pueden incidir en el acceso a la justicia y en el trabajo de los colectivos buscadores, que son quienes enfrentan directamente las barreras para la búsqueda, localización y esclarecimiento de los casos, pero también los derechos humanos de todos los mexicanos, especialmente las minorías y grupos discriminados.
La energía de las personas que viven con un motivo se siente y se contagia. Se necesita ser extremadamente insensible para no sucumbir ante sus palabras tan llenas de convicción. Por eso no entiendo que sea tan dificil que los buscadores sean escuchados y atendidos.
Ojala las voces de Dan Israel, de su hermana, Grace Fernández Moran y todas las personas que hoy buscan a alguien, tengan el impacto que merecen.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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