Por Lourdes Encinas Moreno

Resulta penoso observar la faceta que mostraron durante la última semana tres figuras femeninas de la escena pública nacional, pero más preocupante es anticipar las repercusiones que sus conductas pueden tener en el ejercicio de los derechos políticos de las mexicanas.

La lucha para que más mujeres arribaran a espacios de toma de decisiones no fue para que reprodujeran las mismas prácticas y vicios que caracterizan a la clase política del país, todavía dominada por los señores de traje y corbata.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.