Por Sofía Pérez Gasque Muslera
Hay una contradicción que comienza a definir la economía mundial: los países necesitan trabajadores, pero cada vez encuentran más razones políticas para cerrarles las puertas. Mientras gobiernos y empresas advierten sobre el envejecimiento de la población, la falta de talento y las dificultades para sostener sus sistemas de pensiones, la migración se ha convertido en uno de los asuntos más polarizantes de la conversación pública.
El problema es que la economía y la política parecen estar avanzando en direcciones opuestas.