Por Lucía Díaz Genao
Mi hijo fue secuestrado en 2013 y ese fue el parteaguas de mi vida, pues a raíz de eso me fui dando cuenta de las deficiencias, de las omisiones, la negligencia de las autoridades. Me quedó muy claro que las autoridades no tenían ni la preparación, ni la voluntad y en algunos casos eran corruptos también, te arriesgas a tener un contratiempo en temas de seguridad porque eran autoridades muy corruptas, y mientras todo eso estaba sucediendo, yo necesitaba buscar a mi hijo y en Veracruz no había ningún colectivo de búsqueda de desaparecidos como tal.
Ahí me decidí. No sabía ni cómo le iba a hacer, sabía que yo sola no podía porque esta lucha requiere de más personas siempre.
Fue en ese momento que descubrí que muchas señoras estaban en una situación igual o peor que yo, porque en algunos casos... pues mis hijos ya estaban estudiando educación superior, yo ya no tenía que estar cuidando niños, pero muchas señoras todavía tenían niños que cuidar y no se podían exponer. Pero en mi caso pues yo tenía la ventaja de que podía dedicarme exclusivamente a buscar a mi hijo pero tenía que dejar mi trabajo para hacerlo y pues sí, lo hice. Y entonces ahí fue cuando fundé el Colectivo Solecito de Veracruz.
El colectivo ha sido un instrumento, una plataforma para que buscara a mi hijo, pero también para que ayudara a más a buscar a los suyos. Me di cuenta que también tenía una obligación moral de ayudar a las demás compañeras a buscar a sus hijos, no nada más era el mío ya.
Viendo la situación de tantas mujeres en la misma condición deplorable de que no nos decían nada importante, las averiguaciones no pasaban de una etapa inicial, no se hacía una investigación, era un trabajo de simulación de parte de las autoridades. Entonces para uno poder poner presión en las autoridades y también para poder tener alcances de buscar a los desaparecidos, necesitábamos unirnos. Y eso fue lo que hicimos.
Ha sido una odisea porque hemos tropezado con todo. Ser buscadora ha sido el calvario más desgarrador, más difícil. En estos años hemos emprendido la aventura más complicada y con las peores herramientas, porque nosotras no podemos buscarlos por nuestra propia cuenta totalmente, necesitamos que las autoridades también lo hagan pero son incompetentes.
Al mismo tiempo que hemos tenido que emprender todo esto, en el camino nos hemos hermanado. Actualmente, el Colectivo Solecito es muy grande, somos casi 300 personas y nos hemos hecho una red de hermanas que de verdad es admirable y es muy reconfortante tener a tantas personas trabajando contigo con entrega, con dedicación, con sinceridad, con solidaridad. Dentro de lo peor del camino, encontramos gente muy valiosa.
Ser una madre buscadora ha sido una experiencia extraordinaria por un lado, pero a la vez lo peor que me pudo haber pasado. En términos del sufrimiento, de la desesperación, de la angustia, de la incertidumbre, eso es agobiante, desgastante, desmoralizante... todas esas cosas uno las siente.
Yo hubiera preferido no tener que pasar por este viaje de luces y sombras y creo que todas las buscadoras diríamos lo mismo. Pero dentro de la realidad de que ya estamos pasando por ello, pues cuando menos tenemos personas buenas para hacer el viaje.
Este 10 de mayo, nosotras vamos a hacer la marcha que es ya emblema del colectivo porque conmemoramos la entrega del mapa que nos dieron al manifestarnos y nos llevó a los hallazgos en Colinas de Santa Fe.
Hace 10 años exactamente el 10 de mayo, unos hombres, que a la fecha no sabemos quiénes fueron, nos entregaron unos papeles. En ese momento nadie entendió nada. Entregaron aproximadamente, unos 15 papeles, eran copias, 15 copias y entre ellas una me tocó a mí pero cuando la vi he de admitir que me cimbró desde la coronilla hasta los pies: era un mapa de un lugar que se llama Colinas de Santa Fe y en ese mapa habían muchas cruces, muchas cruces, muchas cruces... y decía "muertos, muertos, muertos". Todavía me da temblor de acordarme. Cuando vi el mapa y entendí lo que era, lo guardé en un bolsillo del pantalón y a todas las señoras que tenían, que les habían dado también, procuré quitárselos porque pensé: "si ven lo que es, se van a deprimir, y queremos que tengan fuerza, que marchen con ganas".
En cuanto solicitamos que nos permitieran buscar en ese lugar vivimos tres años de labores: encontramos 302 cuerpos justo en ese lugar. Y ese mapa cumple 10 años este 10 de mayo. Así es que es una conmemoración para nosotras muy extraordinaria. En la prensa comenzaron a llamarlo "el regalo macabro", pero nosotras lo tomamos como un gran regalo porque pudimos sacar de la clandestinidad de esas fosas 302 seres humanos.
De nuestro colectivo, varias encontraron ahí a sus hijos. Recuerdo en particular un caso de una compañera que me decía que no sabía si podría ir porque se sentía mal, que “quizás no nos iba a servir su presencia". Y yo le respondía "ve, tú me ayudas porque tú te puedes encargar de los radios que usamos y de cuidar de nuestras cosas. No tienes que excavar ni hacer nada, tú me ayudas". Y dice ella "pues sí, bueno, en lo que pueda". Y ahí en el lugar, ella me decía: "ay, cuando... cuando camino, siento que aquí quizás yo esté pisando a mi hijo". Y yo le decía: "si lo pisas, tu hijo va a estar contento porque a qué hijo no le da gusto que su madre lo toque como sea". Y curiosamente, sí, el hijo de ella apareció ahí y lo más seguro es que sí lo llegó a pisar, porque él estaba en el camino.
Este 10 de mayo tenemos una razón todavía más fuerte para marchar, para conmemorar y para recordar que no descansaremos hasta encontrarlos.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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