Por Verónica Rosas
Hace más de 10 años, el 4 de septiembre de 2015 secuestraron a Diego, mi único hijo, Diego Maximiliano. Él tenía en ese entonces 16 años, estaba cursando el segundo año de preparatoria. Era un jovencito lleno de sueños, de ilusiones, que empezaba a vivir su adolescencia. Yo pues, como mamá autónoma, siempre estaba pendiente a su cuidado y hasta ese día, ese día 4 de septiembre, nos cambió la vida para siempre de una manera muy cruel. Vivíamos en Ecatepec, Estado de México.
Fue un viernes. Ese día él me pidió permiso para salir un ratito por la tarde, se iba a encontrar con algunas amigas, amigos. La verdad es que yo no vi peligro alguno porque era del día, era, recuerdo a las 4:30 o 5:00 de la tarde su reunión. Le di permiso máximo a las 8:00 de la noche y para mí no era una hora tan preocupante porque al ser mi hijo único, sí estaba yo muy pendiente de él. Era, siento que sí, siempre he sido muy sobreprotectora por lo mismo que todo mi amor estaba desbordado con él. Mi maternidad pues la realicé con él y pues de esa misma forma pues el cuidado hacia Dieguito.
Y no llegó. No llegó a la hora acordada y empecé a angustiarme, a preocuparme porque siempre teníamos como regla que tenía que llegar puntual, además que tenía que contestar las llamadas sino pues habría algún castigo. Y no sucedió. Le empecé a llamar a su teléfono desde las 7:30 y ya mandaba a buzón. En un principio pensé que le había valido gorro y no, pero jamás pues dimensioné lo que ya estaba sufriendo y pasando mi niño.
Ya me disponía a salir a buscarlo porque transcurrió otra hora y otra hora y nada… fue cuando recibí una llamada a mi celular de un hombre que me decía que tenían a Diego y que si yo no juntaba cierta cantidad pues no lo iba a volver a ver. En un inicio pensé que era una broma porque no somos personas ricas. Siempre he sido una mujer trabajadora sin riquezas. Y pensé que era una broma pero al momento de que mi Diego no me contestaba pues sí me angustié mucho.
Volví a recibir una segunda llamada, ya esta vez fue con insultos, con groserías, amenazándome de que no era un juego y que sí tenían a Diego. Toda esa noche todavía yo les dije que no tenía dinero, me dijeron que le pidiera a su papá, que juntara. Toda esa noche llamé a mi familia, siempre he contado con el apoyo de ellos: mi papá, mi hermano y mis hermanas. Y empezaron a buscarlo algunos, nos dividimos. Yo me quedé en mi casa porque pensábamos que era una extorsión, que le habían robado el celular y que él iba a llegar.
Pero pues ya al amanecer y darme cuenta que no llegó, pues ya fue cuando... toda esa noche no dormimos por estarlo buscando y estar esperándolo. Fueron a hospitales, a los lugares cercanos donde había amigos, donde él tenía su hobby de la patineta y además iba al gimnasio. En todos estos lugares empezamos a buscarlo. En 16 años Dieguito jamás en su vida había hecho ni haría algo así como no llegar y mantenerme en esa preocupación porque como soy mamá autónoma, él sabía, lo que implicaba para mí su cuidado.
Ahí empezó este peregrinar, ya más de 10 años, pues sin encontrarlo, sin saber dónde está, sin tener la justicia. Solamente hay dos personas que están detenidas pero ni siquiera aún tengo una sentencia condenatoria. Otro joven también pues que también ya está detenido, pero pues no tengo a Diego. Entonces para mí pues no hemos logrado tener la justicia que sería para mí lo más importante: encontrar a Dieguito.
Y pues ya 10 años buscándolo, caminando. En un inicio con mis hermanas, con mi familia sin saber qué hacer, a dónde ir. En un inicio como fue secuestro pues sí lo manejan de una manera hermética, que no podía yo hablar, salir... bueno fue horrible además del miedo, saber que pues sí, gente pues mala tenía a Diego porque además hubo una prueba de vida, lastimaron a Dieguito como presión para que yo juntara dinero.
Mi familia, amistades de mi trabajo y amigas de toda la vida me ayudaron para poder darles algo porque pedían muchísimo dinero. Quedaron de liberarlo y pues hicimos todo, todo lo que nos pidieron. No pude juntar la cantidad que pidieron al inicio, pero ellos sí aceptaron al final algo. Y lo entregamos. También mi cuñado expuso su vida porque él fue el encargado de llevar este pago y fue solo, sin ninguna protección. En ese momento estábamos en shock, consternados, yo creo que nadie midió también las consecuencias de mandar a mi cuñado solo.
Las autoridades que ya estaban enteradas, no hicieron nada, fueron pasivos. Nosotros confiamos. Nos dijeron que lo iban a liberar un día en una gasolinera de Chalco. Este llevamos una ambulancia porque lo habían lastimado y pues nos mintieron. Todo ese día estuvimos ahí en esa gasolinera por Chalco este con... le hablamos a varios de mis familiares y buscándolo entre las calles tal vez estaba pues sí malherido, lesionado y no, nada.
Desde ahí estos más de 10 años sin encontrar a Dieguito han sido un peregrinar muy doloroso porque es un dolor permanente. No se va, no cambia, sino creo que va haciendo más fuerte el no saber qué pasó, qué le hicieron, dónde lo dejaron, si está vivo, si ya no tiene vida. Es una incertidumbre permanente con la que se vive, es muy fuerte vivir tanto tiempo con este dolor suspendido.
Después de varios años, dos o tres, de buscarlo con mis hermanas me desperté a otra realidad: eran muchísimas familias más las que buscaban a sus familiares desaparecidos. Y entonces con otras dos familias decidimos formar un colectivo. Fui una de las fundadoras del colectivo Uniendo Esperanzas en el Estado de México y desgraciadamente el colectivo ha ido creciendo. Éramos pues tres personas a finales de 2018 cuando nos encontramos y empezamos a caminar.
No sabíamos ni hacia dónde ni qué hacer, simplemente nos encontramos pues en este dolor, en la desgracia y decidimos unirnos. Así es como nos hemos ido organizando para buscarles de manera colectiva porque claro, ya también se vuelve una fortaleza estar acompañadas pero no deja de ser triste que vaya creciendo el colectivo, es muy triste que lleguen más familias con más desaparecidos.
Y ahora que coordino el colectivo mi vida cambió totalmente. Antes de que secuestraran a Dieguito trabajaba de manera formal como asesora de ventas de alimento para mascotas, y después la culpa de seguir trabajando y no tener a Diego fue muy fuerte el querer vivir como si no hubiera pasado nada cuando sabes que no está tu hijo y que no sabes ni siquiera cómo está pasando el tiempo, su vida en él.
Actualmente, renuncié a mi trabajo por presión laboral también porque en los trabajos a veces no entienden, no dimensionan lo que es una desaparición. En mi trabajo, al inicio, sí fueron muy empáticos y solidarios puesto que yo ya llevaba muchos años en esa empresa, casi 10 años y me apoyaron mucho. Pero con el paso de los años hubo cambios, llegaron nuevos jefes, nuevo personal y ya no tuve ese apoyo de poder conservar mi trabajo porque necesito trabajar para buscar a Diego. Tuve que renunciar.
Ahora ya prácticamente estoy al 100% dedicada al colectivo, acompaño a otras familias. Eso me ayuda de alguna forma a sobrellevar este dolor de no tener a Dieguito, sentir que hago algo útil desde esta desgracia para que otras familias no tengan que pasar tantos años como nosotras, como yo, que ya más de 10 años y no encuentro a Diego. También soy parte del eje de iglesias y espiritualidades que esto también pues me ha dado fuerza para pues para no decaer, para no caer en una depresión porque en un inicio cuando se llevaron a Diego y no lo liberaron caí en una depresión muy profunda y me costó mucho trabajo salir adelante. Entonces pues busco cómo sobrellevar el dolor y la tristeza para seguir buscando a Diego y de esta manera colectiva pues creo que sí me ayuda a continuar.
Todos los días de mi vida han cambiado. Desde que me levanto hasta que me duermo, en mis sueños, en todo momento está esa ausencia de mi hijo, pero también está el amor fuerte, vivo y la esperanza de encontrarle. Ahora, los 10 de mayo para mí significa la marcha por la dignidad de las madres. Soy parte de las muchas mamás que estamos incompletas con una maternidad suspendida porque no están físicamente pero el amor en el corazón y en la mente pues ellos siguen estando es como pues esta maternidad suspendida.
Necesitamos seguir nombrándoles, gritarle al Estado que nos faltan nuestros hijos, que nos faltan nuestras hijas y que necesitamos que nos lo que los encuentren.
Necesitamos la verdad, necesitamos la justicia pero también sobre todo que esto ya no se repita y que esto ya no siga. No normalicemos la violencia, no normalicemos el despertar con noticias de desapariciones, de feminicidios, de homicidios.
Este 10 de mayo, como cada año tendremos una oración ecuménica a las 9 de la mañana antes de salir a la marcha y esto pues también para muchas de nosotras es como la fuerza espiritual, la fuerza del amor de Dios y pues para emprender esta marcha pues con ese amor y con esa fuerza que que nos mantiene de pie para encontrar a nuestros hijos y a nuestras hijas ¿no?
Autoridades: vengan, únanse y vean la realidad que está viviendo el país porque desgraciadamente cada día son más familias las que buscamos y va creciendo pues esta desaparición forzada y por particulares en nuestro país. Y pues la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo que es mamá, que se una, que sienta empatía, ella conoce ese amor, ella conoce ese sentimiento y de verdad que que debería de estar ahí con nosotras para para también dar esta este mensaje a México ¿no? de que también el Estado y el gobierno pues está dolido y que quiere caminar con las madres.
A los tres niveles de gobierno los invito a que también se unan y vean la realidad de cerca. Vengan y que vean la realidad que no nada más se ve ahí en números, son vidas, son personas, son nuestros hijos y nuestras hijas que tienen su vida suspendida pero también nosotras porque ahora nosotras tenemos que estar atrás de todos los ministerios públicos, atrás de la comisión de búsqueda local, de la de la comisión de búsqueda nacional, de la Comisión de Atención a Víctimas para que atiendan este flagelo que viven miles de familias en nuestro país y familias que van iniciando esta desgracia para que de verdad trabajen, sientan empatía y que si están en estos espacios donde han decidido trabajar pues que lo hagan ¿no? y no nada más este pues por el 10 de mayo, sino que reconozcan y que acepten la realidad que son más de 133,000 personas desaparecidas en el país.
Dejen de maquillar la Ciudad, dejen de destinar todo el presupuesto en un Mundial. Sé que Dieguito lo habría disfrutado porque le gustaba el futbol pero la falta de mantenimiento en todos lados, así como en el Río de los Remedios es evidente, lo noto cuando hacemos labores de búsqueda, apenas pasó.
Este domingo van a ver cuántas mamás van a marchar y no estamos con ningún no somos de ningún color, de ningún partido. A mi quien me tiene en esa marcha y en esta lucha pues es el amor por mi hijo Diego y pues también a los medios de comunicación, a todas las personas solidarias pues que vengan y que nos acompañen y que vengan a marchar y a visibilizar esta desgracia y este dolor que vivimos pues miles de madres en nuestro país.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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