Por Mariana Conde*
Ya es febrero y te das cuenta que el mes más corto del año es en realidad enero porque… ¿En qué momento pasaron 31 días en los que no encontraste el momento de comenzar tus estoicos propósitos para mejorar hábitos? No, no comenzaste a hacer ejercicio, tampoco has bajado un solo gramo y a pesar de haberte unido al grupo de whatsapp, diversos motivos que sería vano enumerar te impidieron apegarte al Dry January.
Pero nunca es demasiado tarde y el tema parece seguirte en todos lados. Hoy día, no puedes scrollear con tranquilidad sin que salten con mayor frecuencia y por parte de más voces, discusiones sobre salud y, en especial, de longevidad. Ya Yuval Noah Harari nos viene diciendo desde hace rato que el futuro será de quienes puedan pagar innovaciones que le permitan vivir mucho más allá de los cien años, y no sólo eso, vivirlos sanos, en óptimas condiciones. Él afirma que no está muy lejano el día en el que los humanos con recursos suficientes funcionen como una máquina cuyas partes dañadas puedan cambiarse, como las refacciones a un coche. Nos advierte que el mundo se convertirá –aún más que hoy– en una distopía tipo Gattaca en la que las masas, los meros mortales como uno, quedarán al servicio de los súper humanos que concentrarán el poder económico y serán resultado de modificaciones genéticas que los harán más sanos, inteligentes, guapos y por supuesto, casi eternos.
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