Por Mariana Conde*

Cuento o écfrasis inspirada por la obra homónima de Rufino Tamayo.

Yo nací entre vacas, o al menos, eso me gusta decirle a la gente. Los bovinos son una presencia constante en mi vida, aunque quien ha crecido entre ellos es mi hermano que desde siempre acompaña a papá al rancho y lo ha hecho suyo. 

En la casa paterna, por donde voltees, algo te recuerda que este es un santuario dedicado a cuadrúpedos rumiantes. En lugar de nichos y virgencitas, de cruces y altares aquí hay figurillas, cuadros, trofeos, guirnaldas y mantas dedicados al mejor toro o vaca o becerro. Sombreros de vaquero, gorras con el herraje del rancho estampado en el centro, botas, camisas a cuadros. Incluso hay toros de verdad.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.