Por Melissa Moreno Cabrera

Ni la flagrancia basta cuando quien denuncia es mujer. Lo que debería sostener su testimonio se convierte en motivo de sospecha, y la duda se instala incluso donde hay pruebas.

Hay una verdad que incomoda: incluso cuando hay evidencia, a las mujeres no se les cree. Y cuando no la hay, peor. Los casos visibles sólo hacen más claro un patrón que afecta a todas, también a quienes nunca aparecerán en un video o en un titular.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.