Por Paz Austin
Imagina que para hacer vinos de la más alta calidad hay que levantarse en la madrugada, vendimiando antes de que salga el sol para alcanzar esa acidez balanceada que define a un vino fantástico. Imagina horas bajo el sol, trabajando la pizca a mano en pleno verano, repitiendo un ritual que llegó con las primeras misiones a Baja California y que sostiene una tradición agrícola con cientos de años de historia.
Ahora, imagina que el silencio necesario para ese ciclo de vida ha desaparecido. Que el descanso del agricultor y de la tierra es interrumpido por fuegos artificiales, conciertos masivos y bodas estruendosas cada fin de semana. Imagina que el suelo que debería nutrir raíces de vid ahora es ambicionado para construir “pueblitos italianos de Disney”, campos de golf o incluso parques industriales que amenazan la región productiva más grande de México.
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