Por Priscilla de Anda*

Cuando pensamos en las inversiones que definirán el futuro de México imaginamos carreteras, puertos, plantas industriales, energía o tecnología. Hablamos de infraestructura porque entendemos que es indispensable para el crecimiento económico y la competitividad del país.

Sin embargo, casi nunca hablamos de la infraestructura más importante de todas. No está hecha de cemento, acero o fibra óptica. Se construye en millones de conexiones neuronales que se forman en el cerebro de una niña o un niño durante sus primeros años de vida. Esa es la infraestructura que determinará el futuro económico, social y humano de México. Con motivo del Día Mundial del Cerebro vale la pena recordar una verdad respaldada por décadas de evidencia científica: el periodo que va desde la gestación hasta los cinco años de vida, representa la etapa de mayor plasticidad cerebral de toda la vida. Es una ventana única e irrepetible en la que se construyen las bases del aprendizaje, el lenguaje, la salud física y mental, la regulación emocional, las habilidades sociales y, en gran medida, las capacidades que acompañarán a una persona durante toda su vida.

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