Por Rocío Correa* “Una mexicana de raíz y corazón”

 Pretender que tener vínculos con el mundo disminuye el amor por México es una falacia propia de regímenes aislacionistas

México es mi cuna, el territorio donde nací y transcurrieron los primeros 33 años de mi vida, donde aprendí a amar sus colores y a sufrir sus dolores. El destino me llevó después a formar una familia en Italia, un país que al cabo de los años no solo me regaló su ciudadanía, sino que desde el primer día me tuteló en la salud, en seguridad pública y en justicia —esa misma seguridad y certidumbre que mi patria de origen no solo me niega cada vez que regreso, sino que poco a poco ha ido arrebatando con sangre a mis compatriotas—.

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