Por Rosa Covarrubias
El futbol a las mujeres les ha tocado aprender a ser resilientes.
La conocí cuando tenía 12 años. No era una niña común; había algo en ella que la hacía diferente al resto… y ella lo sabía.
Era una niña bajita, de sonrisa grande y con una facilidad de palabra poco común para su edad. Aunque no se abría con cualquier persona, su amabilidad era una de sus mejores cartas de presentación.